Ayer, después de muchos días, por primera vez me sentí tranquila, me sentó muy bien hablar de lo que me está pensando y me reconfortó ver que gente que ha pasado por esto lo ha superado, aunque haya sido después de sufrir mucho.

Lo peor del día fue cuando pasé por delante del piso que iba ser "nuestro piso" y vi que tenía de nuevo el cartel de "Se vende", al ver eso los nervios y la pena volvieron otra vez. Ya nunca viviré allí con él como había soñado.

Durante estos días, y aunque ya habíamos cerrado la cuenta vivienda que teníamos, no había llamado a la propietaria para decirle que no lo comprábamos, así que en el fondo de mi corazón albergaba la esperanza de que todavía le quedase alguna duda de lo que estaba haciendo, pero ayer al ver el cartel me di cuenta de que no, de que lo único que le había hecho no decirlo aún es que no sabía cómo hacerlo, necesitaba valor para llamar a esa persona y decirle que no nos quedábamos con su piso.

A pesar de todo esto, sigo teniendo ganas de hablar con él, el lunes cambió de trabajo y me gustaría llamarle y preguntarle cómo le ha ido, pero no lo he hecho porque sé que sólo con oír su voz me estoy haciendo daño y lo que haya conseguido avanzar lo retrocederé. A veces tengo dudas de qué es lo mejor para mí, hablar o no con él, todo el mundo me dice que lo mejor es no hacerlo y estoy siguiendo esos consejos, pero me da miedo de que se olvide de mí. Luego pienso que si por unos días que esté sin hablar conmigo puede olvidar a la persona con la que ha estado diez años de su vida, entonces ¿me ha querido de verdad?

Yo creo que sí me ha querido, porque si no no hubiese aguantado tantos años a mi lado, pero mi duda es ¿cuánto de ese tiempo ha estado enamorado y cuánto ha sido sólo comodidad, cariño, amistad? Él dice que me ha querido de verdad, pero ¿hasta cuándo? ¿Cuánto tiempo he estado engañada creyendo que todo era como siempre?

¿Alguno de vosotros cuando ha pasado por esto ha tenido el deseo de borrar de su memoria todos los recuerdos? Yo tengo ese deseo constantemente porque me atormentan tanto los recuerdos, que a veces deseo haberle dicho "no" cuando me pidió salir en noviembre de 1997.

Pero no sólo me atormentan los recuerdos, también lo hacen los planes que se quedaron pendientes, como, además de vivir juntos y tener hijos, el viaje por Italia que íbamos a hacer en vacaciones; enseñarme Gerona como decía que haría desde que lo conoció hace años...

En fin, que sigo adelante, pero sin rumbo. Tengo la sensación de que sigo por inercia, no por deseo. Ahora no tengo ninguna motivación porque he de reconstruir mi vida y no sé por dónde empezar.